Violencia contra la niñez ¿Castigo como sinónimo de disciplina?

World Vision Bolivia
Apr 28, 2021 7:30:00 PM

Muchas veces nos dejamos llevar por las circunstancias por las que estamos atravesando, especialmente cuando son adversar, en el momento de aplicar un castigo a nuestros hijos e hijas, cayendo en generar violencia contra la niñez y no necesariamente una corrección disciplinaria, que debiera ser una acción con sentido de justicia.

Empecemos por señalar las diferencias entre la disciplina con el castigo, que radica principalmente en el propósito como una alternativa para enseñar a nuestros hijos e hijas a aprender de acuerdo al grado de responsabilidad asumida.

Mientras que el objetivo del castigo es penalizar conductas indeseadas esperando que estas no se repitan a futuro, la finalidad de la disciplina por el contrario es la de promover el crecimiento y desarrollo con alternativas positivas a las que se quiere prevenir.

Cuando hablamos de disciplina asociamos esta acción con una opción de educar a través del papel modelador para que los niños y las niñas adquieran valores en el desarrollo de su vida y puedan discernir sobre las consecuencias de sus actos para con ellos mismos y los demás.

Por el contrario, recurrimos al castigo para buscar corregir comportamientos no deseados en nuestros hijos e hijas como forma de corregir conductas molestas.

El castigo construye barreras al crecimiento y desarrollo de la niñez, porque no debemos olvidad que los niños y niñas buscan permanentemente explorar sus capacidades y en el proceso de aprendizaje pueden cometer errores involuntarios de los que pueden aprender o pueden ser sujetos de castigos.

Nueva llamada a la acción

Cuando las y los bebés comienzan a gatear o a sostenerse en sus dos pies, pueden provocar muchos accidentes en casa, y tampoco será responsabilidad de ellos si quiebran un hermoso jarrón de porcelana heredado de los bisabuelos al hacerlo caer por sujetarse o jalar de un mantel. En tales casos, regañar, castigar o disciplinar al niño solo le hace daño pues creerá que hay algo malo en él. Es más adecuado re-decorar su casa a “prueba de niños”.

Y es ahí donde entra en juego el rol de los padres de familia para la definición de límites en función a la edad y grado de madurez que hayamos ayudado a desarrollar en ellos, para que aprendan a reconocer hasta dónde pueden llegar a través del ejercicio de la disciplina.

Por naturaleza los niños y las niñas siempre están buscando explorar y experimentar el mundo exterior, ensanchar sus límites, es decir, están siempre midiendo sus posibilidades para ver si tienen las condiciones de conseguir sus metas.

Es importante reconocer sus logros, premiar sus metas alcanzadas a través de estímulos, como recompensas que ayudarán a fortalecer ciertas conductas a través de sencillas acciones como un abrazo, un elogio, aplauso, pero también habrá que considerar la necesidad de la disciplina cuando sea necearía.

 

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Procuremos orientar en base a la disciplina para que puedan aprender de sus errores y no castigarles de forma precipitada a través de reacciones violentas y agresivas porque hizo algo de la forma en la que nosotros no lo esperábamos.

Y este compartimiento en los padres suele presentarse muy a menudo por las heridas que no hemos sanado por las experiencias traumáticas que atravesamos en nuestra niñez, que nos hace cada vez más irritables, poco tolerantes a las acciones inesperadas o equivocaciones que pueden cometer nuestro hijos e hijas en su intento de experimentar y explorar.

Procuremos buscar formas de ayudar a nuestros hijos e hijas a corregir sus conductas equivocadas a través de asumir responsablemente sus acciones sin menoscabar en lo más mínimo su valor como persona, es decir, a través de la paternidad responsable..

Hagamos que nuestros hijos e hijas sientan la seguridad de que son amadas y aceptados y que no hay nada malo en ellos que repudiemos o estemos tratado de cambiar, aplicando disciplina para ayudarle a corregir algo.

Es muy importante aprender a diferenciar las personas de sus acciones. Esto quiere decir que los padres no debemos valorar a los hijos e hijas por las acciones que realizan, al llamarlos torpes, malos, pícaros o lo que sea, por algo que hicieron.

Que los niños y las niñas vayan adquiriendo responsabilidad a través de acciones disciplinarias para prevenir sanciones a futuro o al menos para identificarlas y prevenirlas antes de cometer una infracción por desobediencia a una norma dentro del hogar o en su entorno social, en las que los padres y la comunidad deben ser firmes.

Nueva llamada a la acción

Una vez que la sanción ha sido cumplida, es necesario que el padre le exprese el amor que le tiene a su hijo e hija a través de palabras y acciones físicas, así como su orgullo por el cumplimiento correcto de la sanción. Este es un momento muy importante que se lo debe complementar hablando brevemente de lo que cada quien aprendió de esta experiencia y de cómo van a hacer las cosas en el futuro.

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